Distraído, pero… ¿cómo?

Si analizamos las cifras de accidentalidad en tráfico de los organismos oficiales de cualquier país, podremos observar que las distracciones ocupan un lugar en la parte alta de las causas que provocan los siniestros.

La Organización Mundial de la Salud alerta específicamente sobre las distracciones  de los conductores con dispositivos móviles por ejemplo, pero ¿conocemos por qué nos distraemos?, ¿es una cuestión meramente física o es una cuestión de prioridades?, ¿esto se entrena de alguna forma?…

Tipos de distracciones

Tradicionalmente y a nivel muy general, se ha hablado de dos tipos de distracciones, las físicas y las mentales, esta primera diferenciación es sencilla de entender, como también lo es de cara a las consecuencias en la conducción.

En el caso de las físicas son las que se pueden observar fácilmente y las que hacen que en muchos casos te puedan multar, ya que son notorias. Es cuando el conductor suelta el volante para atender a un niño que va detrás, cuando fuma o está comiendo mientras conduce, cuando usa el teléfono móvil. Estas distracciones están relacionadas directamente con la habilidad, es decir la capacidad de maniobrar con el coche por ejemplo.

Aquí encontraríamos además las distracciones visuales o auditivas.

Las segundas, las distracciones mentales no son tan visibles por un tercero, pero igualmente llevan a disminuir la atención, de lo que el sujeto está haciendo en ese momento, y esto se convierte en un serio problema. Aquí hablaríamos de conversaciones con otros pasajeros o estar abstraídos  en nuestros pensamientos por ejemplo. Se trata de distracciones cognitivas.

Algo que se da con mucha frecuencia en la conducción es la combinación de ambas, un claro ejemplo es el caso de hablar por el móvil mientras se conduce

 

Distracción y inatención…. No es lo mismo

Y por lo tanto deben de ser abordados de forma diferente.

Distracción es cuando comenzamos a concentrarnos en una actividad, pero rápidamente perdemos el foco, es decir, la atención del conductor puede ser fácilmente desviada.

Nos distraemos por estímulos del exterior, o incluso por sus nuestros propios pensamientos. Muchas veces la inatención puede ser la consecuencia de estar distraído.

Cuando hablamos de inatención, es decir de no atención estaríamos en un escalón superior, podríamos decir que se trata de algo más general, no tan pasajero como las distracciones. E.D. Copeland & V.L. Love, hablan de una serie de indicadores de  la inatención:

  • Tiempo de atención corto
  • Dificultad en completar las tareas
  • Estados de ensueño (soñar despierto)
  • Fácilmente distractible
  • Merecedor de apodos como: «soñador» » volador»
  • Mucha actividad pero pocos resultados.
  • Mucho entusiasmo al comienzo de las tareas y pobres resultados finales

 

¿Cómo podemos entrenar nuestra atención al volante? 

El objetivo principal es tomar consciencia en el momento que me distraigo o como me afecta mi estrés  al volante, (aquello que  produce la distracción o cuáles son las razones por las que no estamos atentos), desde el Instituto de Movilidad Sostenible podemos ayudar a los conductores a poner en práctica diferentes técnicas, adquirir hábitos correctos y  dotarles de recursos para afrontar este creciente problema.

El objetivo es entrenar la atención para evitar las distracciones, así como aprender a gestionar emociones negativas complejas como la ira, la ansiedad, el miedo y la frustración, lo que repercutiría en una conducción más efectiva y segura.

Es necesario reconocer la activación del “PILOTO AUTOMÁTICO” y cómo éste afecta a la atención y a la conducción, para su mejorar su gestión.

 

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